viernes, 22 de mayo de 2009

Homenaje a Benedetti: Pasatiempo



PASATIEMPO.

Cuando éramos niños
los viejos tenían como treinta
un charco era un océano
la muerte lisa y llana
no existía.


Luego cuando muchachos
los viejos eran gente de cuarenta
un estanque un océano
la muerte solamente
una palabra.

Ya cuando nos casamos
los ancianos estaban en cincuenta
un lago era un océano
la muerte era la muerte
de los otros.

Ahora veteranos
ya le dimos alcance a la verdad
el océano es por fin el océano
pero la muerte empieza a ser
la nuestra.
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jueves, 21 de mayo de 2009

Homenaje a Benedetti: Si Dios fuera una mujer



¿y si Dios fuera una mujer?
-Juan Gelman

¿Y si Dios fuera mujer?
pregunta Juan sin inmutarse,
vaya, vaya si Dios fuera mujer
es posible que agnósticos y ateos
no dijéramos no con la cabeza
y dijéramos sí con las entrañas.

Tal vez nos acercáramos a su divina desnudez
para besar sus pies no de bronce,
su pubis no de piedra,
sus pechos no de mármol,
sus labios no de yeso.

Si Dios fuera mujer la abrazaríamos
para arrancarla de su lontananza
y no habría que jurar
hasta que la muerte nos separe
ya que sería inmortal por antonomasia
y en vez de transmitirnos SIDA o pánico
nos contagiaría su inmortalidad.

Si Dios fuera mujer no se instalaría
lejana en el reino de los cielos,
sino que nos aguardaría en el zaguán del infierno,
con sus brazos no cerrados,
su rosa no de plástico
y su amor no de ángeles.

Ay Dios mío, Dios mío
si hasta siempre y desde siempre
fueras una mujer
qué lindo escándalo sería,
qué venturosa, espléndida, imposible,
prodigiosa blasfemia.
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miércoles, 20 de mayo de 2009

Homenaje a Benedetti: Rostro de Vos

Rostro de vos

Tengo una soledad
tan concurrida

tan llena de nostalgias
y de rostros de vos
de adioses hace tiempo
y besos bienvenidos
de primeras de cambio
y de último vagón.

Tengo una soledad
tan concurrida

que puedo organizarla
como una procesión
por colores
tamaños
y promesas
por época
por tacto
y por sabor.

Sin temblor de más
me abrazo a tus ausencias
que asisten y me asisten
con mi rostro de vos.

Estoy lleno de sombras
de noches y deseos
de risas y de alguna maldición.

Mis huéspedes concurren
concurren como sueños
con sus rencores nuevos
su falta de candor
yo les pongo una escoba
tras la puerta
porque quiero estar solo
con mi rostro de vos.

Pero el rostro de vos
mira a otra parte
con sus ojos de amor
que ya no aman
como víveres
que buscan su hambre
miran y miran
y apagan mi jornada.

Las paredes se van
queda la noche
las nostalgias se van
no queda nada.

Ya mi rostro de vos
cierra los ojos
y es una soledad
tan desolada
.

(Mario Benedetti)
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martes, 19 de mayo de 2009

Homenaje a Benedetti: Viceversa

Viceversa

Tengo miedo de verte
necesidad de verte
esperanza de verte
desazones de verte.

Tengo ganas de hallarte
preocupación de hallarte
certidumbre de hallarte
pobres dudas de hallarte.

Tengo urgencia de oírte
alegría de oírte
buena suerte de oírte
y temores de oírte.

o sea,
resumiendo
estoy jodido
y radiante
quizá más lo primero
que lo segundo
y también
viceversa.
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domingo, 17 de mayo de 2009

Homenaje a Benedetti: Táctica y Estrategia

Hoy falleció Mario Benedetti, el Poeta.
Lo sobrellevamos, escribiendo. Ahora perteneces al verso.

A continuación, uno de sus poemas más conocidos, en recuerdo a lo que nos dejó.

Táctica y estrategia

Mi táctica es mirarte
 aprender como sos 
quererte como sos.  

Mi táctica es hablarte
 y escucharte 
construir con palabras 
un puente indestructible.  

Mi táctica es quedarme 
en tu recuerdo 
no sé cómo ni sé con qué pretexto 
pero quedarme en vos.  

Mi táctica es ser franco 
y saber que sos franca 
y que no nos vendamos simulacros 
para que entre los dos  
no haya telón ni abismos.  

Mi estrategia es en cambio 
más profunda y más simple.  
Mi estrategia es que un día cualquiera 
no sé cómo ni sé con qué pretexto 
por fin me necesites.

Sobre Mario: su wiki-vida. Algo de lo que dijo. Una de sus obras maestras, La Tregua.
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lunes, 4 de mayo de 2009

La Hora Zen: Los Monjes y la Piedra

Foto tomada de Flickr: billbalance-busy Stream. Todos los derechos reservados.

Un maestro de zen vivía sólo en una ermita en el campo. Un día, cuatro monjes viajeros que pasaban por allí le pidieron permiso para encender fuego en su patio y calentarse un poco. 
Mientras preparaban la hoguera, Hogen les oyó hablar sobre la objetividad y la subjetividad. Uniéndose a la discusión, dijo:
- Ahí tienen esta gran piedra. ¿Dónde consideran que está, dentro o fuera de sus mentes?

Uno de los monjes dijo:
- Desde el punto de vista budista..todas las cosas son objetivaciones de mi mente, así que yo diría que la piedra está en mi cabeza.

El maestro repuso:
- Debes tener una cabeza muy pesada, si llevas dentro una piedra como esa.


(Tradicional Zen)
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miércoles, 8 de abril de 2009

La Hora Zen: ¿A dónde vas?


Cuando Ts'ao-Shan dejó a Tung-Shan, éste le preguntó: 

- ¿A dónde vas?

Ts'ao-Shan dijo: 

- A un Lugar que no cambie.

Tung-Shan insistió:

- Si es un lugar que no cambia, ¿cómo se puede ir?

Ts'ao-Shan respondió:

- Eso tampoco cambia.


(Las cinco casas del Zen, Thomas Cleary. Editorial Integral)
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viernes, 3 de abril de 2009

La Hora Zen: Ladrón


Ryokan, un maestro Zen, llevaba una vida bastante simple en una pequeña cabaña al pie de la montaña.

Una tarde llegó hasta la cabaña un ladrón que descubrió que no había nada que robar.
Ryokan regresó a la cabaña y le atrapó. Entonces le dijo:

- Has hecho un largo camino para visitarme, no deberías irte con las manos vacías. Por favor, toma mis ropas como regalo.

El ladrón estaba asombrado. Tomó las ropas y huyó corriendo.

Ryokan se sentó desnudo a mirar la Luna. Pensó:

'Pobre compañero, ojalá pudiera darle esta Luna maravillosa' 


(Carne Zen, Huesos Zen. Paul Reps.)


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jueves, 26 de febrero de 2009

La Hora Zen: ¿Dónde reside el viento?

Kutadanta preguntó:

- ¿Dónde, oh Buda, está el Nirvana?

- El Nirvana está presente siempre que vivas en la verdad y en la bondad.

- Entonces -prosiguió Kutadanta-, si lo he entendido bien, el Nirvana no es un lugar. En este caso, como no está en ninguna parte, no existe.

- No me has comprendido - contestó Buda. 
Ahora escucha y responde a mis preguntas. 
¿Dónde reside el viento?

- En ningún lugar.

- ¿No existe entonces?


Kutadanta no respondió.  


(Tradicional Budista)
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viernes, 13 de febrero de 2009

La Hora Zen: Compartir


Miles de Velas pueden encenderse de una sola, 
la vida de la vela no será por ello más corta.
La felicidad nunca mengua porque sea compartida.




Siddhartha Gautama
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miércoles, 4 de febrero de 2009

La Hora Zen: Rivers

La vida es un          m    o    v   i    e       n      t    o

Cuánta más vida

m            á             s                 

   f         l        e       x         i          b    i    l    i      d      a     d,

Cuánto   m á s   fluído

eres

M  Á   S
              VIVO estás.




(Arnaud Desjardins)

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La Hora Zen: Simplicidad

Niños, viejos y vagabundos
 
ríen fácilmente de buena gana:

 no tienen nada que perder

y esperan poco.






En la renuncia

hay una deliciosa sabiduría de simplicidad,
de paz

profunda.


(Matthieu Ricard)
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martes, 20 de enero de 2009

La Hora Zen: Antítesis

Lo que fue, eso será;

lo que se hizo, eso se hará.

Nada nuevo bajo el sol.

Si algo hay de que se diga:

“Mira, eso sí que es nuevo”,

aun eso ya sucedía

en los siglos que nos precedieron

Eclesiastés

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miércoles, 24 de diciembre de 2008

Júbilo

El Júbilo es el antídoto para el miedo. El miedo surge si no disfrutas de la vida. Si disfrutas de la vida, el miedo desaparece.

Simplemente sé positivo y disfruta más, rie más, baila más, canta. Permanece más y más alegre, entusiasta sobre todas las cosas pequeñas, muy pequeñas. La vida consiste de cosas pequeñas, pero si puedes aportar la cualidad de la alegría a las cosas pequeñas, el resultado es tremendo.

Así que no esperes que suceda algo grande. Las cosas grandes acontecen, no es que no sucedan, pero no esperes a que eso grande ocurra. Sucede sólo cuando empiezas a vivir las cosas pequeñas, corrientes y cotidianas con una mente nueva, con una nueva frescura, vitalidad, entusiasmo. Entonces, poco a poco, acumulas, y esa acumulación un día estalla en puro júbilo.

Pero nadie sabe cuando sucederá. Uno ha de seguir recogiendo guijarros en la playa. La totalidad se convierte en el gran acontecimiento. Cuando recoges un guijarro, no es más que un guijarro. Cuando todos están juntos, de pronto son diamantes. Ese es el milagro de la vida. De modo que no necesitas pensar en esas grandes cosas.

Hay muchas personas en el mundo que se lo pierden porque siempre están esperando que suceda algo grande. No puede acontecer. Tiene lugar sólo a través de cosas pequeñas: comer, desayunar, pasear, darse una ducha, conversar con un amigo, contemplar solos un atardecer o tumbados en la cama sin hacer nada. La vida está compuesta de estas pequeñas cosas. Es la materia misma de la Vida.

(Osho)

¡Feliz Navidad!
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viernes, 12 de diciembre de 2008

El desayuno que me encanta

El Desayuno ( Luis Alberto de Cuenca )



Me gustas cuando dices tonterías,
cuando metes la pata, cuando mientes,
cuando te vas de compras con tu madre
y llego tarde al cine por tu culpa.

Me gustas más cuando es mi cumpleaños
y me cubres de besos y de tartas,
o cuando eres feliz y se te nota,
o cuando eres genial con una frase
que lo resume todo, o cuando ríes
(tu risa es una ducha en el infierno),
o cuando me perdonas un olvido.

Pero aún me gustas más, tanto que casi
no puedo resistir lo que me gustas,
cuando, llena de vida, te despiertas
y lo primero que haces es decirme:
«Tengo un hambre feroz esta mañana.
Voy a empezar contigo el desayuno».

T.A.
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lunes, 17 de noviembre de 2008

La Hora Zen: Bajada al Mundo


"Simplemente, enfréntate a la Gran Ciudad y comprueba si ella te conquista o si tú la conquistas a ella"

(Soyen Shaku a su discípulo Senzaki)
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domingo, 9 de noviembre de 2008

El entrenamiento de un hámster

Les voy a contar más sobre la Hora Zen. Sin ánimos de resolver preguntas o respuestas.

Un día en la oficina, me compré un libro con 365 Pensamientos Zen. No es el título exacto, no son pensamientos zen, el pensamiento no es zen... Llamémosle Cuentos Zen, por simplificarlo, así no parecerá que estoy practicando mis clases de cantonés antiguo de nuevo.

Así que ojeando el libro, compartí uno de esos pensamientos con el grupo de compañeros cercanos. Y cada uno dijo algo sobre ese cuento, sin mucho pensar. Empezó el amanecer, empezamos a despertar.

El día siguiente, en medio de nuestras actividades, volví a leer para el grupo otro cuento. Y volvimos a compartir opiniones. Por unos minutos, en un jardín verde, respirábamos pausadamente, más allá de la automatización del reloj.

Durante la práctica de la Hora Zen nada era correcto o incorrecto. Nada era mejor o peor, no había una respuesta única, eran muchas y todas a la vez.

A partir de esto, el grupo oyente variaba, algunas personas se añadían, de forma casual. Una de nuestras antiguas saltamontes incluso pidió seguir participando desde Praga. Nosotros desde Caracas, Venezuela. Luego el día a día nos llevó como un río rápido, y pasaban más días sin esa Hora Zen. Días de 23 horas y 50 minutos. De cuando en cuando, volvíamos a despertar. Hasta que para vencer ese río, tomé una barca llamada Internet y aquí estamos, La Hora Zen digitalizada.

Y la pregunta está en el aire. ¿Es lo mismo que antes?

Tengo muchas ganas de responder esa pregunta, así que esperaré por ustedes para hacerlo.

Mientras, les cuento más sobre estos Cuentos contados por contadores de ... jejeje disculpen no pude evitarlo.

Empecemos por los Koans (Kung An). Son especies de adivinanzas o acertijos que dan los Maestros Zen a sus discípulos. Literalmente significa "documento público".

Es ligada a la escuela Rinzai Zen, donde la búsqueda de la iluminación es alcanzada a través del esfuerzo personal con la meditación. Los Maestros Zen nos enseñan guiándonos en el uso de una forma de pensamiento lateral, que podemos fortalecer a través de la meditación y resolución de koans. No sirven las estrategias racionales. Un koan debe ser llevado a la sesión de meditación, para que repose en nuestra mente, y así surge una respuesta, usualmente de forma abrupta y repentina, conocida como satori o iluminación. Los Maestros Zen suelen darle al discípulo un koan, y una vez resuelto, el discípulo acude de vuelta a su Maestro para recibir otro koan, lo que lo va acercando en su camino interno de iluminación. Pero es el discípulo el responsable de caminarlo, no hay exámenes que estudiar, no hay ni siquiera obligación de acudir por más koans. Y al acudir no habrá respuestas o koans más fáciles. Nosotros somos los que sentimos cuando hemos resuelto un koan, y nosotros decidimos si resolveremos otro más.

Es una manera totalmente diferente a la que solemos utilizar para resolver nuestros dilemas. Nos empuja a un pensamiento más intuitivo, a abrir nuestra conciencia, a transformar la pregunta en algo más que un problema lógico y racional. Nos despierta.

Es importante aclarar que el koan tiene una respuesta, que no es única, y el Maestro estará esperando por su discípulo para oirla. Muchas veces se asocia un koan con algo sin sentido y es errónea esa consideración.

Estamos acostumbrados a que un Maestro es una persona que nos enseña bajo la lógica y la razón. Y así, vamos por la vida buscando nuestro Maestro, nuestro Salvador. Les dejo un koan al respecto:
"Si te encuentras con Buddha, mátalo." (Linji)

Durante la Hora Zen, nuestra mente es un hámster corriendo rápidamente para llegar a la respuesta "correcta", el detalle es que corre dentro de la rueda que no se mueve a ningún sitio. Realmente el hámster sólo debe ejercitarse, ponerse en movimiento, sin pensar en correr por un camino que lo lleve a la iluminación, y correr en el mismo sitio. El hásmter entonces encontrará el satori.
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jueves, 30 de octubre de 2008

¡Cuéntame un Cuento!

Sentada en ese pasillo con mi abuelo, pidiéndole que me contara una historia de su vida... ¡cuéntame un cuento!

Casi 20 años después, sentada en ese mismo pasillo, estuve con mi padre, un mes antes de que partiera, contándome historias y cuentos de su vida.

Pueda que diste (casi a voluntad propia) de ser la mejor oradora, pero desde niña me ha gustado escuchar a las personas, siempre. Que me cuenten sus cuentos e historias y pasar la página en cada minuto de conversación, como si estuviera leyendo un buen libro escrito por mi interlocutor.

En el cuarto, con mi abuelita sentada en la cama, no podía ya caminar, jugábamos a que la maquillaba y la peinaba. Recuerdo cuánto colorete le echaba, y sus cabellos lacios y plateados a través de mi peinecito de plástico. Sonreía en el espejo orgullosa de mi trabajo.

También les pedía que se sentaran en el sofá y anunciando mi show, tomaba una de sus reglas largas de costura hechas en madera (ambos eran sastre y modista) y la usaba de micrófono para cantarles alguna de mis canciones favoritas. ¡Hasta bailaba! Eran mi mejor público, el mejor que he tenido.

Otros recuerdos y otro público he tenido desde entonces, bastante diferente. 

Sin embargo, puedo cerrar mis ojos y verlos, ahora juntos todos, sentados en ese sofá, sonriéndome. A veces aplaudiendo, a veces callados, en la expectativa de que pasará ahora. No lo sé, sólo puedo continuar con el show.


"More matter with less art."
Gertrude, HAMLET, Act II, Scene II.


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miércoles, 29 de octubre de 2008

La Hora Zen: Sin Atajos

Cuando un monje preguntó a su maestro si debía leer los sutras, este replicó:
- Aquí no hay senderos laterales ni atajos; las montañas permanecen todo el año frescas y verdes tanto al este como al oeste, en cualquier dirección, puedes dar un bello paseo.

El monje pidió explicaciones más explícitas, y el maestro contestó:
- No es culpa del Sol si el ciego no puede encontrar su camino.





(Tradicional Zen)
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lunes, 20 de octubre de 2008

La Hora Zen: Sobre el TAO


Le preguntaron a Ui Kuan:
- ¿Cuál es el Camino (Tao)?
- Lo tienes justamente delante de tus narices
- ¿Por qué no lo veo?
- A causa de tu egoísmo - añadió el maestro zen
- Si yo no lo veo por mi egoísmo, ¿lo ves tú?
- Mientras tengas la dualidad y digas 'yo no puedo ver', 'tú puedes ver', tus ojos quedan cegados por esa noción de relatividad.
- ¿Cuándo no hay ni tú ni yo, se puede ver el Camino? - volvió a preguntar el monje.
- Cuando no hay ni tú ni yo, ¿quién es el que quiere ver?
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